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Otra forma de entrar al mundo del ballet

¿Por qué el 29 de abril es el día internacional de la danza? Noverre, el bailarín ilustrado.

¿Por qué el 29 de abril es el día internacional de la danza? Noverre.

Por Prof. Mag. Lucía Chilibroste

 

Hoy es 29 de abril y seguramente veas por muchos lados a muchas personas conmemorando este día. Pero te has preguntado: ¿por qué es este día y no otro?

La elección de este día se hizo por la UNESCO en el año 1982 y fue porque se conmemora el nacimiento de Jean-Gerorge Noverre, quien nació un 29 de abril de 1727.

¿Y por qué se lo eligió a él para una fecha tan simbólica? Bueno… es que para la historia del ballet se considera que las reformas que Noverre propuso fueron tan importantes, que de cierta manera cambiaron el ballet, su sentido y su misión, y abrieron paso a lo que es el ballet moderno.

Un maestro de ballet filósofo”, “bailarín ilustrado”, “padre del “ballet moderno”… Diderot lo llamó “genio” y Voltaire “el Prometeo de la danza. Nada de andar con chiquitas con los calificativos.

En concreto y como adelanto él propuso cosas como que el ballet podía contar historias y que tenía el poder de emocionar, “que poseía el don de hablar al alma”[1]. Algo que hoy las consideramos como obvio, pero que no lo fue en su momento y esa postura hizo que el ballet pudiera ser un espectáculo en sí mismo, independiente, y no una parte de otro, generalmente la ópera.

Así es que surgía el llamado ballet de acción, que sería el ballet de pantomima. Y como Noverre se decidió a defenderlo y extender sus ideas a partir de un libro que escribe en 1769, Cartas sobre la danza y los ballets, es que su figura ha pasado a la historia y cada 29 de abril le festejamos su cumple con esta gran celebración.  

 

 

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Presentación del siglo XVIII

Soy profesora de historia y por eso siempre parto que para conocer y comprender cualquier cosa, ponernos en contexto es fundamental. Así que comenzamos por ahí.

Para conocer a Noverre debemos de ubicarnos en la Europa del siglo XVIII. En el siglo de las luces, de nuevas ideas, de ilustración, de la Enciclopedia y de los pensadores ilustrados. Un siglo del que nos aparece casi que inmediatamente asociado a lo coherente, lo racional y a nombres como Kant, Looke, Montesquieu, Rousseau, Voltaire.

Aunque el siglo XVIII es mucho más que eso. Es un siglo con cambios muy profundos, sin olvidar que en Francia comenzó con la monarquía más absoluta de Luis XIV y terminó con su bisnieto guillotinado.

Tomando a Umberto Ecco y su “Historia de la belleza” agrego que es el siglo de Barry Lindon, tan brillantemente reflejado por Stanley Kubrik. El del Marques de Sade por lo que no es todo luz y racionalismo. El también siglo (cortitito) de Mozart, quien sólo vive 35 años. Por lo que sin dudas es un mundo en transformación y transición del final del barroco, el rococó y el neoclasicismo.  

Un siglo cuestionador. Se va a cuestionar el antiguo régimen, el poder absoluto y la falta de algunos derechos, pero también toda la sociedad y su arte.

Y dentro de una larga lista de artistas que realizan este camino vamos a centrarnos hoy en Noverre, quien si bien por supuesto no es el único, es señalado como el “bailarín ilustrado”, el “bailarín filósofo” por discutir los principios de este arte y del resultado de ese cuestionamiento va a surgir el ballet que hoy conocemos. 

 

El ballet en el siglo XVIII

Anteriormente habíamos escrito que Luis XIV había dado su puntapié en el desarrollo del ballet creando la Academia de la danza en 1661. Y desde entonces el ballet continuó su desarrollo en el que sus maestros e intérpretes fueron fundamentales en ir implementando cambios, desarrollando y expandiendo el vocabulario de la danza. Al punto que puede señalarse que el vocabulario queda casi que completamente asentados como resultado estas  innovaciones.

Y como ejemplo vale destacar muy escuetamente a Marie Anne Cupis de Caramrgo, quien se acorta las faldas, permite que se le vean los pies (que los suyos eran conocidos por ser particularmente hermosos) para comenzar a desarrollar el trabajo de pies y baterías, que era algo de los hombres, pero no de las mujeres. También Maríe Sallé introduce sus cambios quitándose el miriñaque, la peluca y las máscaras, agregando así a la técnica algo tan fundamental como es la expresión.

Estas dos bailarinas contemporáneas generaron muchas pasiones, y algo que el público parece amar, que es las rivalidades, las comparaciones, las grietas como se usa hoy para política. Descontando que una puede admirar y querer cosas de las dos, y que le guste una no es excluyente de que también le gusta la otra.

            Y algo así escribía el gran filósofo Voltaire, sobre estas dos estrellas:

¡Ah, Camargo, que es usted brillante!

Pero, grandes dioses, ¡Sallé es extraordinaria!

¡Que sus pasos son ligeros y que los suyos son dulces!

Ella es inimitable y usted es novedosa:

Las ninfas saltan como usted

Mas las Gracias danzan como ella”[2].

Tal como señala Ivor Gust, hacia 1750 en Francia, o más particularmente en la Ópera de París se fueron perfilando dos tendencias: una que exaltaba el virtuosismo y otra que iba por el lado del despertar de la expresividad[3].

Gaetano Vestris el gran bailarín del siglo XVIII (luego lo sucederá su hijo, Augusto) sigue el mismo camino impulsando la idea de llevar la expresión a la danza.

  

 Marie-Anne Cupis de Camargo, por Nicolas Lancret       

                           

Marie Sallé, by Nicolas Lancret. Rheinsberg, Schloss.
 

Breve repaso de la vida de Jean George Noverre.

Francés. Hijo de un soldado y a pasar que su padre quiso que siguiera sus pasos se dedicó al baile. Estudió con reconocidísimos maestros franceses como M. Marcel y Louis Dupré. Viajó mucho por Berlín, Dresde Estrasburgo, Marsella, y Lyon. Aprendió de los actores italianos, la Comedia del Arte, Sallé y Cargo.

Pero no logró su máxima aspiración que era entrar a la Ópera de París, a pesar de que en su primer momento tuvo importantes apoyos políticos como Madame de Pompadou, amante e influyente consejera de Luis XV. Y su deseo de entrar no lo era solamente por ser la sede principal del ballet del mundo, o sea por un tema de prestigio, que por supuesto que pesaba sino también por un tema práctico, ya que por ejemplo la Ópera de París era la única institución en Francia que podría producir tragedias líricas y óperas ballets[4].

 Pero la Ópera de Paris era una institución bastante hermética, y por eso debió buscar su camino por otros lados. Pero, y esto no debe de dejarse de lado cuando uno lee la obra de Noverre, ese dolor y resentimiento hacia la institución se encuentra presente en muchas de sus críticas.

Así es que continúa con su vida de maestro itinerante, algo que también era muy común en la época. Llego a Inglaterra en 1755 invitado por el reconocidísimo actor David Garrick se va a convertir en su gran amigo y lo va a llamar el “Shakespeare de la danza”. Inglaterra era vista como muy abierta en comparación con la opresora Ópera de París. Allí el ballet se desarrollaba por iniciativa privada, y como Voltaire se lamentaba, existían grandes diferencias con París:

"la diferencia entre sus libertades y nuestra esclavitud, entre su sabia confianza y nuestra loca superstición, entre el estímulo que Londres da a las artes y la vergonzosa opresión bajo la cual languidecen en París".

Se tiene que ir de muy rápidamente de Londres por el inicio de la Guerra de los 7 años donde Francia es enemiga de Inglaterra y genera una ofuscación en el público por verlo como un enemigo. Pero se ve muy influenciado

Y es tras esa instancia que va a escribir uno de los documentos fundamentales en el desarrollo de la historia de la danza, llamado Cartas sobre la danza y los ballets, publicado en 1760 en Lyon, Francia.

 

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¿Y qué es lo novedoso de las Cartas sobre la danza y los ballets?

Bueno, ahí se denuncia la situación de la danza en su momento y cuestiona cuál cree que debe de ser el fin último de la danza. ¿Qué bailar? ¿Para qué bailar? ¿Qué posibilidades tiene de generar algo la danza?

 

Y así podemos leer en algunos de sus fragmentos y críticas:

“Yo pienso, señor, que este arte ha quedado en la infancia sólo porque sus efectos han sido limitados a los de los fuegos artificiales, que simplemente se realizan para recrear la vista. Por más que el ballet participa, junto con los mejores dramas, de la cualidad de interesar, conmover y cautivar al espectador por el encanto de la ilusión más perfecta, no se ha intuido que poseía el don de hablar al alma. Si en general los ballets son débiles, monótonos y languidecientes; si están desposeídos de ese poder de expresión que constituye su alma, la culpa no es tanto del arte, lo repito, como del artista: ¿ignora éste, acaso, que la danza es un arte de imitación?”[5].

 

O como escribe en la carta II:

“SEÑOR, no puedo dejar de desaprobar a los maestros de ballets que tienen la ridícula testarudez de pretender que los figurantes, hombres y mujeres, se modelen exactamente sobre ellos, calcando sus movimientos, gestos y actitudes; esta singular pretensión ¿no se opondrá al desarrollo de las gracias naturales de los ejecutantes, ahogando en ellos el sentido de la expresión que le es propio.

Este principio me parece tanto más censurable cuanto que es raro encontrar maestros de ballets que sientan ¡y hay tan pocos que sean excelentes comediantes o que posean el arte de pintar los movimientos del alma por medio de los gestos! Es tan difícil, sostengo, encontrar entre nosotros algún Batilo o algun Plades -), que no podría dejar de censurar a los que buscan hacerse imitar por razón del buen concepto que tienen de sí mismos[6].

 

Noverre por su parte va a proponer liberar a la danza de todo lo que se considere artificial, de todas las convenciones. Acusa que la función de la danza nos es hacer formas rígidas y convencionales, sino contar una historia, algo que hoy nos parece obvio, pero que no creían posible en su momento si no iba acompañada del canto o el recitado.

También va a defender que la danza debía de emocionar y conmover. Muchos se burlaban de la posibilidad de que esto pudiera suceder, ya que la danza era vista más como un movimiento mecánico[7]. Por eso incita a que los bailarines se saquen las máscaras, pelucas y todo eso que no les permite aportar la emoción que la danza tiene.

"Hijos de Terpsícore, renunciad a las cabriolas, a los entrechats y a los pasos demasiado complicados; abandonad los gestos frívolos para entregaros a los sentimientos, a las gracias ingenuas y a la expresión; dedicaos a la pantomima noble; no olvidéis jamás que ésta es el alma de vuestro arte; poned espíritu y razonamiento en vuestros pas de deux; haced que la voluptuosidad dirija la marcha…”[8]

Contar una historia, emocionar, conmover… algo que hasta entonces no se creía que fuera capaz de hacer la danza luego va ser aceptado. Y por eso Noverre es Noverre.

No entramos acá, pero también me parece importante señalarlo que Noverre fue una personalidad muy fuerte. Lo señalan como ególatra y que se adjudica todas estas reformas casi como exclusivamente propias, cuando naturalmente no fue así[9]. Y que en muchos ambientes y como los vimos con estas propias bailarinas, el arte iba cambiando. Pero él lo que hace es escribirlo. Lo asienta.

 

Portada de una versión de la obra de NOverre, que tiene introducción y comentarios de Andres Levinson

 

Noverre, el maestro ilustrado.

Escribir un libro sobre el ballet posiciona a Noverre en un lugar diferente del de sus colegas. Tal como Juan Ignacio Vallejos señala, le fue muy útil para usar como “carta de presentación” frente a las diferentes monarquías para las que trabajó en Stuttgart, Viena, Milán. Les enviaba a los monarcas unas divinas ediciones de su libro y eso naturalmente impresionaba y pesaba a su favor para sus contratos.

Porque además, en un siglo ilustrado, ser un “bailarín ilustrado” resultaba casi como un oxímoron. De hecho en Francia existía la expresión: “bruto como un bailarín”[10]Y eso le permite además entrar en un mundo de filósofos, mantener correspondencia con Diderot y Voltaire, lograr sus apoyos y favores.

Así es que tras la publicación y enviarle una carta a Voltaire este le responde en octubre de 1763: "Puede que el título de tu libro sólo indique danza, pero arrojas mucha luz sobre todas las artes. Tu estilo es tan elegante como imaginación tienen tus ballets". Aunque se lamenta de no haber podido ver ninguna de sus obras agrega: "Creo que su talento será muy apreciado en Inglaterra, ya que aman las verdades de la naturaleza. ¿Pero dónde encontrará actores capaces de ejecutar sus ideas? Eres un Prometeo y debes crear hombres y luego animarlos". Y unos seis meses más tarde agrega "Creo que todo lo que haces está lleno de poesía, los pintores y los poetas discutirán entre sí; seas pintor o poeta”. Voltaire era de los pensadores más reconocidos de Europa del momento, por lo que sin dudas estas palabras fueron muy bien recibido por Noverre y le dio ánimo para proseguir con su gran programa de reformas.

 

La vida de Noverre tras Las cartas

            A pesar del éxito de su publicación, él no fue aceptado en la Ópera de Paris, por lo que continúa trabajando en diferentes ciudades y cortes, como Viena, Stuttgart, Milan donde colaboró con diferentes artistas como Gluk en óperas como Paris y Helena y Orfeo y Euridice.

En estas diferentes ciudades muchas de sus reformas se fueron expandiendo, y muchos comenzaron a llegar a él buscando aprenderlas. Tal es el caso del gran bailarín de la Ópera de París, Gaetano Vestris para quién Noverre le compuso el ballet Jason y Medea, el cual avanzaba en bailar sin máscaras y pelucas y daba rienda suelta a la expresión. La obra fue un éxito, Pero Noverre seguía lejos de París.

 

Gaetano Vestris en Jasón y Medea, junto a Giovanna Baccelli y Adelaide Simonet en 1782

 

Llegada a la Ópera de París

Finalmente Noverre logró llegar a la Ópera de París en 1776, por la decisión directa de una antigua alumna muy querida de sus tiempos en Viena, la entonces niña María Antonieta, ahora Reina de Francia[11].

Pero ya es tarde… La jerarquía de la Ópera de Paris continuaba siendo muy hermética y a pesar de sus logros en el exterior los cargos de maestros sólo podían llegar quien hubiera pasado por la compañía. Y Noverre seguía siendo visto como uno de afuera.

Además, muchas de sus reformas que habían sido tan novedosas una década antes, ahora ya habían comenzado a permear en la Ópera. Se le hace muy difícil trabajar. Sufre de innumerables intrigas de maestros y bailarines. Una de las obras que hace es en colaboración con Mozart, Les petits riens (bueno, algunas de las partes porque no la terminó).

Su situación la siente tan insostenible que tras 5 años renuncia a su anhelado cargo (en 1781), aunque con las compensaciones necesarias.

 

Eso sí, el éxito que no tuvo en la Ópera de Paris sí lo logró con su tratado. Al momento de su muerte en 1810, a 50 años de su publicación había sido reeditado publicado en toda Europa, desde París a San Petersburgo. Y desde entonces se convirtió como en una pieza fundamental en la historia de la danza.

 

Mensaje del día internacional de la danza por Marianela Nuñez 

Cada año, el Comité Internacional de la Danza del Instituto Internacional del Teatro (ITI) dependiente de la UNESCO invita a una personalidad a que de un mensaje alusivo al tema.

Este año la invitada fue la gran bailarina argentina Marianela Nuñez, Primera bailarina del Royal Ballet de Londres. Y este fue su mensaje:

Un recuerdo no alcanza para hacer historia. Y la historia de un teatro, como la de cada uno, es también la historia de los demás, de cómo un arte como la danza migró y creció en diferentes latitudes.

Las paredes del Royal Ballet atesoran las fotografías que narran el viaje recorrido, la historia reclama sus protagonistas y la danza en Argentina resplandece con cada uno de esos nombres.

Con frecuencia, las instituciones se sumergen en un silencioso anonimato, sin rostros ni apellidos, evitando enfrentarse al eco del pasado.

Son las organizaciones impulsadas y respaldadas por el ITI-UNESCO, como lo es el Consejo Argentino de la Danza, las que frecuentemente hacen de muralla que detiene al olvido.

Estoy junto a ustedes en el compromiso de rescatar y revitalizar la historia de maestros, artistas y coreógrafos que han enriquecido el mundo de la danza, merecedores de ser escuchados por las generaciones venideras. Que sepamos todos que no somos espectadores, sino herederos de una tradición forjada con arte, dignidad y sacrificio, nutriendo nuestro camino con vocación y amor por la belleza. Si bien el futuro y el presente acaparan nuestra atención, sin el sólido cimiento del pasado, sin la fertilidad de nuestra tierra, el árbol de la danza no puede florecer. Las raíces son tradición y a la vez... nutrientes”. Marianela Nuñez. 29 de abril de 2024

 

Referencias

[1] Noverre, “Cartas sobre la danza y los ballets”, Carta I; Ediciones Centurión; Introducción y prólogo de Andres Levinson; Buenos Aires; 1946;  p. 60

[2] Guest, Ivor; “The Paris Opéra Ballet”; p.19

[3] Guest, Ivor; “The Paris Opéra Ballet”; p.21

[4] Homans, Jennifer; “Apollo´s Angels. A historiy of ballet”; Random House; NYC; 2010; p.69

[5] Noverre, “Cartas sobre la danza y los ballets”, Carta I; Ediciones Centurión; Introducción y prólogo de Andres Levinson; Buenos Aires; 1946;  p. 60 y 61

[6] Ibíd; Carta II; p. 67

[7] Juan Ignacio Vallejos; “Los usos del libro y de la escritura en el ballet europeo del siglo XVIII: el caso de Las Cartas sobre la danza y el ballet de Jean-Georges Noverre”; Cuadernos de Historia Moderna; mod 41 (4) 2016; pp 141

[8] Noverre, “Cartas sobre la danza y los ballets”, Carta IV; Ediciones Centurión; Introducción y prólogo de Andres Levinson; Buenos Aires; 1946;  p. 87 y 88

[9] Recomiendo leer el artículo de Juan Ignacio Vallejos; “Los usos del libro y de la escritura en el ballet europeo del siglo XVIII: el caso de Las Cartas sobre la danza y el ballet de Jean-Georges Noverre”; 2016; pp 129-1Noverre, el maestro ilustrado46

[10] Juan Ignacio Vallejos; “Los usos del libro y de la escritura en el ballet europeo del siglo XVIII: el caso de Las Cartas sobre la danza y el ballet de Jean-Georges Noverre”; p. 140

[11] Chazin-Bennahum, Judith; “Jean-George Noverre: dance and reform”; en AAVV; Marion Kant (Ed); The Cambridge Companion to Ballet; Cambridge University Press; 2007; p.90

 

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BIBLIOGRAFÍA

-Abad Carlés, Ana. “Historia del ballet y de danza moderna”. Madrid. Alianza Editorial, 2004.

- Chazin-Bennahum, Judith; “Jean-George Noverre: dance and reform”; en AAVV; Marion Kant (Ed); The Cambridge Companion to Ballet; Cambridge University Press; 2007; p.90

- Guest, Ivor; “The paris Opéra Ballet”; Dance Books; Hampshire; 2006

- Homans, Jennifer. “Apollo’s angels. A history of ballet”. Random House. Nueva York, 2010.

- Kirstein, Lincoln; “Dance. A short History of Classic Theatrical Dancing”; NYC; Dance Horizonz Republication; 3era edición; 1969

- Noverre, “Cartas sobre la danza y los ballets”, Carta I; Ediciones Centurión; Introducción y prólogo de Andres Levinson; Buenos Aires; 1946

- Vallejos Juan Ignacio; “Los usos del libro y de la escritura en el ballet europeo del siglo XVIII: el caso de Las Cartas sobre la danza y el ballet de Jean-Georges Noverre”; Cuadernos de Historia Moderna; mod 41 (4) 2016

 

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