Todo lo que Ud. debe de saber antes de ver el ballet Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas de Christopher Wheeldon
por Prof. Mag. Lucía Chilibroste
(artículo en construcción)
El argumento
Aquí les compartimos el argumento original, escrito por Nicholas Wright, libretista del ballet y tomado del Teatro Alla Scala de Milán. Pero hay algunas versiones, y la que bailará el Teatro Colón de Buenos Aires será una de ellas, que se estructuran en 2 actos, no en 3 como la original.
Se fusionan los actos sin perder el sentido dramático y se le quitan escenas como la de la carrera luego del mar de lágrimas y algunas variaciones.
Claro. Es un texto de aproximadamente cuatro páginas. Para mantener todo el formato y estilo originales, realizar una traducción fiel, sin omisiones, sin resumir y sin agregar comentarios, necesito hacerlo por partes debido al límite de longitud de las respuestas.
Comienzo con la traducción desde el inicio del documento.
por Nicholas Wright, libretista del ballet
ACTO I
Oxford, 1862. Una tarde de verano.
Henry Liddell, decano de Christ Church, y su esposa, socialmente ambiciosa, están a punto de ofrecer una fiesta en los jardines de la residencia del decano. Lewis Carroll, profesor de matemáticas y amigo de la familia Liddell, entretiene a las tres jóvenes hijas de los Liddell, Lorina, Alicia y Edith, leyéndoles un cuento y realizando trucos de magia.

Foto tomada de Christopher Wheeldon
Cuando Jack, el hijo del jardinero, trae una canasta de rosas, la madre de Alice —siempre excesivamente quisquillosa con las apariencias— rechaza la rosa roja por considerar que desentona entre las blancas. Jack y Alicia son amigos. Él le entrega la rosa roja descartada y, a cambio, ella le da una tarta de mermelada que ha tomado de una bandeja que pasa cerca. Esto desencadena un desastre: la madre de Alice aprovecha la ocasión como pretexto para acusar a Jack de robo y despedirlo.
El reloj marca las cuatro. Llegan los invitados y comienza la fiesta. Alicia queda devastada al ver que Jack abandona la casa en desgracia. Lewis Carroll intenta consolarla ofreciéndose a tomarle una fotografía. Desaparece bajo la tela de la cámara y, para sorpresa de Alice, emerge convertido en un Conejo Blanco. Cuando salta dentro de su bolsa para la cámara y desaparece, Alicia lo sigue, cae...
...cae aún más...
...y aterriza con un golpe en un misterioso corredor.
A través del ojo de una cerradura, Alicia vislumbra un jardín mágico. Anhela entrar, pero, para su desesperación, todas las puertas están cerradas.
De manera inesperada, Jack, transformado en el Sota de Corazones, atraviesa el corredor perseguido por la Reina de Corazones, sus guardias y el Conejo Blanco: el Sota ha sido acusado de robar un plato de tartas de mermelada. Alicia quiere seguirlos, pero la puerta se cierra de golpe frente a ella y la única puerta abierta es demasiado pequeña para permitirle pasar. Aparece una botella: Alicia bebe valientemente de ella y de inmediato se vuelve tan diminuta que ni siquiera puede alcanzar el picaporte. Prueba un pequeño bocado de pastel, cuyo efecto es hacerla crecer hasta un tamaño gigantesco. Llora de frustración y, al agitar un abanico, se encoge de manera tan drástica que sus lágrimas forman un lago lo bastante grande como para nadar en él.
En el lago se le unen una gran variedad de animales que nadan a su alrededor y finalmente se reúnen en la orilla. Con la esperanza de que el ejercicio los seque y les levante el ánimo, Alicia organiza una carrera de caucus, tras la cual...
...aparece el Conejo Blanco y, aunque tiene mucha prisa, conduce a Alicia más profundamente hacia el País de las Maravillas.
Frente a una idílica casa de campo aparece un lacayo con cabeza de pez llevando una invitación para que una Duquesa asista a la fiesta de croquet de la Reina de Corazones. El lacayo de la Duquesa —una rana— lo invita a entrar en la casa, dejando a Alicia con la invitación. Ella entra en la casa...
...y descubre una cocina amenazante donde la Duquesa cuida de un bebé que no deja de llorar mientras la Cocinera prepara salchichas. La Duquesa se siente encantada con la invitación real, mientras que la Cocinera reacciona con envidia y resentimiento. El ambiente se vuelve cada vez más violento, salvo por un instante de tranquilidad provocado por la misteriosa aparición del Gato de Cheshire. Temiendo por la seguridad del bebé, Alicia lo rescata, pero cuando este se transforma en un cerdo, la Duquesa se lo arrebata y lo lleva nuevamente a la cocina para convertirlo en una sarta de salchichas.
El Conejo Blanco reaparece, preocupado por sus inminentes obligaciones durante el juego de croquet de la Reina. Advierte a Alicia que no lo siga hasta el Jardín Real; es notoriamente peligroso acercarse a la malhumorada Reina.
Sin previo aviso, el Sota entra corriendo con la bandeja de tartas, todavía perseguido por los Guardias Reales. El Conejo Blanco no tiene más remedio que esconder a Alicia y al Sota en la casa de la Duquesa. Llega la Procesión Real durante su habitual paseo de la tarde. La siempre oportunista Duquesa saluda a la Reina ofreciéndole como regalo sus salchichas especiales. Horrorizada, la Reina ordena que la procesión continúe...
...y el Conejo Blanco le hace una señal al Sota para que escape. Alicia intenta ir con él, pero tanto el Conejo Blanco como el Sota coinciden en que sería demasiado peligroso para ella. La vendan de los ojos para impedir que los siga.
ACTO II
Confundida acerca de qué camino tomar, Alicia le pide indicaciones al Gato de Cheshire, pero sus respuestas ambiguas la dejan aún más desconcertada y termina encontrándose...
...en la extravagante mesa de té del Sombrerero Loco, la Liebre de Marzo y un lirón adormecido. Alicia logra escapar de su alocada fiesta del té...
...y vuelve a quedarse sola y perdida.
«Qué lugar tan extraño es el País de las Maravillas.»
Se pregunta cómo podrá encontrar a la Sota y anhela entrar en el hermoso jardín. Una exótica Oruga, posada sobre un hongo, le devuelve el ánimo y, antes de desaparecer, le entrega un trozo del hongo.
Alicia vuelve a encontrarse en el corredor de las puertas al que había llegado por primera vez. Recuerda el regalo de la Oruga, da un pequeño mordisco al trozo de hongo y las paredes y las puertas desaparecen. Por fin se encuentra en el jardín que tanto había estado buscando.
Aparece la Sota, todavía huyendo de quienes lo persiguen, y se alegra tanto de verla como ella de reencontrarse con él. Pero el tiempo que pueden compartir es demasiado breve: llega la Reina de Corazones acompañada por sus guardias. Furiosa, ordena capturar a la Sota, pero él consigue escapar. El Conejo Blanco corre tras ellos y, aunque a regañadientes, lleva consigo a Alicia, aun a costa de conducirla hacia el peligro.

Foto tomada de Christopher Wheeldon
ACTO III
En el jardín de la Reina de Corazones, Alicia encuentra a tres nerviosos jardineros pintando de rojo los rosales: por error habían plantado rosas blancas, que la Reina de Corazones detesta.

Foto tomada de Christopher Wheeldon
Llega la Reina acompañada por el Rey, la Corte, la Duquesa y la Cocinera. Los jardineros todavía no han terminado de pintar los rosales, por lo que la Reina ordena su ejecución. Mientras el Verdugo se distrae con las insinuaciones amorosas de la Cocinera, Alicia y el Conejo Blanco ayudan a los agradecidos jardineros a esconderse.
La Reina exhibe sus habilidades para la danza ante la Corte, tras lo cual ella y la Duquesa eligen sus equipos para el partido de croquet. Los flamencos servirán de mazos y los erizos de pelotas. Para desesperación de la Reina, la Duquesa consigue los primeros puntos: juega mucho mejor de lo que cualquiera habría imaginado.
Mientras tanto, la Sota, arriesgándolo todo al encontrarse allí, llama la atención de Alicia desde detrás de un seto. Cuando el juego se desplaza hacia otra parte del jardín, ambos logran reunirse. Tan contrariada está la Reina por el éxito de su rival que hace trampa durante la partida. La Duquesa la desafía y, en respuesta, la Reina ordena su ejecución. El Rey, paciente como siempre, logra calmar a la Reina, mientras Alice ayuda a la Duquesa a escapar discretamente.

Foto tomada de Christopher Wheeldon
La Sota vuelve junto a Alicia, pero esta vez es descubierto y la Reina ordena a los guardias que lo lleven al castillo para ser juzgado. Cuando el Gato de Cheshire hace una nueva y misteriosa aparición, Alice aprovecha la distracción para seguir a la Sota.
En el castillo, el Conejo Blanco prepara la sala para el juicio. Los testigos son conducidos al tribunal, seguidos por Alicia. El plato de tartas es presentado como prueba principal; los miembros de la Corte ocupan sus lugares y el Conejo Blanco anuncia la llegada del Rey y la Reina de Corazones. La Reina aprovecha la ocasión para ejercer toda su autoridad sobre el proceso; la Sota es conducida ante el tribunal...
...y el juicio comienza.
El primer testigo es el Sombrerero Loco, seguido por la Oruga, la Liebre de Marzo, el Lirón, los lacayos pez y rana, la Duquesa y la Cocinera. En medio de un caos absoluto, todos acusan a la Sota.
Finalmente, el Rey logra imponer su autoridad y ofrece a la Sota la oportunidad de defenderse. Como su testimonio produce escaso efecto, Alicia interviene con todas sus fuerzas. Insiste en que la Sota es inocente: si alguien es culpable, esa es ella. Juntos presentan un último testimonio y conquistan el corazón de todos... excepto el de la Reina.
Impasible ante las súplicas de la Corte, la Reina empuña un hacha con la intención de asestar ella misma el golpe fatal. Se desencadena entonces una persecución durante la cual el Conejo Blanco y los testigos intentan esconder a la Sota y a Alicia. Pero la Reina los descubre y hace todo lo posible por volver a la Corte contra ellos.
Sin posibilidad aparente de escapar, Alicia empuja a uno de los testigos. Este cae sobre otro, que a su vez derriba a otro más, provocando el desplome de toda la Corte: después de todo, no son más que un mazo de cartas.
Y, en medio del caos, Alicia despierta.
Fuente: Teatro Alla Scala
Alicia en el País de las Maravillas: de Carroll a Wheeldon
En 2011 el Royal Ballet estrenó Alice's Adventures in Wonderland, el primer ballet de larga duración encargado por la compañía en más de quince años y el primero con una partitura original en dos décadas. La producción, financiada en conjunto con el Ballet Nacional de Canadá, fue creada por Christopher Wheeldon con música de Joby Talbot, libreto de Nicholas Wright y diseños de Bob Crowley, logró algo que parecía especialmente difícil: transformar una novela construida sobre juegos de palabras, lógica absurda y episodios aparentemente inconexos en un ballet narrativo de dos actos.
Un desafío que no fue nada fácil como podemos imaginar. ¿Cómo traducir a movimiento un cuento lleno de ilusiones, fantasías, juegos de palabra y sin sentido?
Alicia fue una obra fundamental en la carrera de Wheeldon. No sólo marcó su inicio como creados de grandes ballets que luego seguiría con The Winter’s Tale, 2014 para el Royal Ballet, Cenicienta en 2012 para San Francisco Ballet y Dutch National Ballet, Amsterdam, El Cascanueces (2016) para el Joffrey Ballet, Chicago, Como Agua para Chocolate (2022) para el Royal Ballet sino que abrió la puerta al mundo de los musicales
Hoy Alicia ballet forma parte del repertorio de gran cantidad de compañías del mundo, y en julio 2026 se suma por primera vez en América Latina, al repertorio del Teatro Colón.
Christopher Wheeldon: del Royal Ballet al New York City Ballet. De bailarín a coreógrafo.

Photo copyright Benjamin Rivera Photography
Christopher Wheeldon nació en Yeovil, Somerset, Inglaterra en 1973, hijo de un ingeniero y de una fisioterapeuta. Comenzó las clases de ballet a los ocho años, ingresó en White Lodge —la escuela para los comienzos del Royal Ballet, ubicada en una residencia en las afueras— a los once y pasó a la Upper School. Allí no solo aprendió ballet: también empezó a crear pequeñas coreografías mientras todavía era estudiante.
Su carrera como bailarín parecía ser buena. En 1991, entró al Royal Ballet y ese mismo ganó la medalla de oro en el prestigioso Prix de Lausanne.
Además, poco tiempo después y casi que de casualidad en 1993 entró a bailar al New York City Ballet (NYCB). ¿Por qué de casualidad? Había viajado a Nueva York y pidió para tomar una clase con la compañía. Nos sabía que en esa clase estaban audicionando a un chico. Pero lo eligieron a él. Cuando el director del NYCB Peter Martins lo llamó para decirle que había quedado seleccionado y le preguntó por qué quería abandonar el Royal, su respuesta fue que no quería hacerlo. Sólo era una confusión. Él no estaba audicionando.
Al conocer la situación pidió unos días para pensarlo, hasta que finalmente dijo sí. Así es que en 1993 entró en el NYCB y en 1998 fue promovido a solista. Wheeldon suele bromear diciendo que él solo pensaba visitar Macy's y la Estatua de la Libertad y terminó quedándose en Nueva York.
Pero su carrera como bailarín no terminó de desarrollarse como esperaba. Él mismo ha contado con mucho humor que disfrutaba bailar solo, pero sufría enormemente el partnering. "Cuando bailaba solo estaba en la gloria, pero me aterraba el partnering" (Hutera, Donald; Alice's Adventures in Wonderland finds itself in Canada; Dance Magazine, Jun 2011) ha dicho.
Así que de a poco se fue alejando de la danza y acercando a la coreografía. En 2001 y a sus 28 años Wheeldon dejó la danza para dedicarse por completo a la coreografía y fue nombrado coreógrafo residente del New York City Ballet, un cargo que la compañía no tenía y que fue creado especialmente para él.
Sin embargo la combinación de Nueva York y el New York City Ballet y Londres y el Royal Ballet fue una combinación perfecta: en Nueva York encontró el ambiente artístico que necesitaba. Allí absorbió profundamente el legado de George Balanchine y Jerome Robbins. Pero de su casa de origen, de su formación inglesa mantenía la influencia de Frederick Ashton y Kenneth MacMillan.
Esa combinación, ese eje Nueva York - Londres, tal como señala Marina Harss fue clave en su vida artística. “Wheeldon comenzó a coreografiar en Nueva York durante la década de 1990 mientras aún bailaba en New York City Ballet, hasta convertirse en intérprete de las queridas obras de entretenimiento de Balanchine, Divertimento No. 15 y Who Cares?, la Goldberg Variations de Jerome Robbins y La Valse de Peter Martins. Aprendió de ambos estilos coreográficos: un gran sentido del desarrollo espacial, un trabajo de pies rápido y, físicamente, como él mismo dice, «partir de una comprensión estadounidense de la narración y el desarrollo de personajes». Aprendí de las obras de Ashton y MacMillan” escribe Marina Harss en el programa del Royal Ballet Ballet to Broadway: Wheeldon Works 2024/25.
Las expectativas estaban en esta joven promesa. Y se ve que fueron bien puestas porque nunca ha dejado de trabajar. Además de ser coreógrafo de tiempo completo de dos de las principales compañías del mundo, New York City Ballet (NYCB) y ahora The Royal Ballet donde es Artista Asociado, de tener su propia compañía Morphoses (de 2007 a 2010), ha impulsado nuevas partituras, ha creado obras para compañías tan prestigiosas y diversas como el Bolshói, el Royal Danish Ballet y el San Francisco Ballet; ha trabajado en Broadway, contribuyó a la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, ha incursionado en Hollywood (Center Stage), el streaming (la serie Étoile) y los musicales The Sweet Smell of Success, An American in Paris y MJ The Musical (Michael Jackson).
Leer más sobre Christopher Wheeldon: Fátima Nollén-Reardon: Christopher Wheeldon, el Petipa del siglo XXI trae a Alicia al Teatro Colón
Una creación colectiva
Quizá uno de los mayores aciertos de Alice haya sido justamente entender que un ballet de esta complejidad no podía surgir únicamente del coreógrafo.
Wheeldon reunió desde el inicio a Nicholas Wright (dramaturgo), Joby Talbot (compositor) y Bob Crowley (escenógrafo y diseñador de vestuario). El recurso de una obra total parece haber cobrado sentido en esta gran producción y apuesta del Royal Ballet y del Ballet de Canadá.
Joby Talbot recuerda que durante varios días los tres permanecieron reunidos en el apartamento de Wheeldon en Nueva York leyendo la novela escena por escena mientras el compositor improvisaba ideas musicales al piano.
Ese trabajo conjunto continuó durante más de dos años. Talbot explica que cada problema narrativo encontraba una solución diferente en la que Wheeldon pensaba cómo resolverlo mediante la coreografía, él buscaba una solución musical, Nicholas Wright analizaba el aspecto dramático y Bob Crowley imaginaba la resolución visual y teatral.
Solo al final de ese largo proceso apareció el ballet completo. y el equipo parece haber funcionado muy bien, porque es gran parte del equipo de The Winter’s Tale (2014) o Como agua para chocolate (2022)
Ciclo de charlas de danza: Alicia: del Royal al Colón
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♥️ libre y gratuita. | con inscripción
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♣️lunes 13 de julio
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♣️ libre y gratuita. | con inscripción
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♦️lunes 20 de julio
♦️16:30h uy - ar | 21:30h es | 13:30

